A miles de kilómetros de nuestras fronteras se encuentra un país con una profunda y rica tradición cultural, muy diferente a la nuestra. Sin embargo allí también está muy presente la huella de Cristo, que se hace patente cada día entre los más necesitados.
El 2% de la población india pertenece a la religión católica, lo que supone una minoría frente a la religión predominante, el hinduismo. Además, en este país el opresor y problemático sistema de castas lleva presente siglos, forma parte de la cultura y se transmite de generación en generación. En él, el estamento más bajo es el de los dálits o intocables. Ellos son tratados como seres despreciables, humillados y marginados, sólo por pertenecer a un estrato social del que nunca podrán escapar.
Los sacerdotes y religiosas de India saben con firmeza que la fe mueve montañas. Y con esa fe promueven el amor, la justicia y el respeto entre los hijos de la misma tierra. Sin distinciones de ningún tipo. Sus herramientas: la Palabra de Dios y la entrega total de la Iglesia por sus hijos necesitados.
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