La Iglesia vive con los pobres y como los pobres. Y eso provoca que en muchas ocasiones necesiten ayuda para subsistir, igual que aquellos con los que comparten su vida. Esto se produce, con especial incidencia, entre las comunidades religiosas. Y, de forma muy especial, entre las contemplativas.
Además de la oración dedican su tiempo al trabajo en la huerta, a las labores de confección de ornamentos litúrgicos, a la fabricación de formas, o a diversos trabajos artesanales. Pero no es suficiente. Necesitan nuestra ayuda, igual que nosotros precisamos sus oraciones.