La primera ayuda que hizo posible el fundador de Ayuda a la Iglesia Necesitada, P. Werenfried van Straaten, fue paliar las necesidades de las víctimas de la II Guerra Mundial. Famosas fueron sus colectas de tocino para dar de comer a los hambrientos de la posguerra.

Desde entonces, una parte del trabajo de AIN se dedica a paliar las necesidades básicas de la población que sufre fenómenos naturales como ciclones, huracanes o tsunamis, así como a socorrer a la población que sufre el exilio o la persecución por causa de conflictos bélicos, o a causa de su fe.