SUDÁN
CUARTO TRIMESTRE 2007
Fondos para el programa educativo “Salvar a los que pueden ser salvados” (Save the Saveable School Programme) de la Archidiócesis de Jartum
Desde enero de 2006 hay paz en Sudán. Sin embargo, los 22 años de guerra civil, han enfrentado al norte mayoritariamente árabe e islamista con el sur mayoritariamente cristiano y tradicionalista. Cuatro millones de desplazados en el país y cinco millones de refugiados en los países vecinos: éste es el triste resultado de la guerra.
Para escapar de la guerra, en 1983 la gente empezó a huir del sur a Jartum, Jartum Norte y Omdurman, las principales ciudades del norte del país. En torno a ellas surgieron rápidamente enormes campos de desplazados. Sin abastecimiento garantizado de agua potable y en las peores condiciones de higiene; sin una alimentación adecuada, trabajo ni privacidad, muy pocos pensaban en un “lujo” como la educación.
Para dar respuesta a este problema, se abrieron las primeras escuelas en los campos de desplazados de la Archidiócesis de Jartum, alojadas en salas polivalentes de la Iglesia y en otros lugares como, por ejemplo, cabañas de bambú erigidas por los desplazados. Gracias a la iniciativa de la Archidiócesis de Jartum, el programa escolar “Salvar a los que pueden ser salvados” fue creciendo a partir de estas escuelas comunitarias apoyadas por las comunidades. Cuando se supo que la escuela pública no estaba preparada para acoger a los niños desplazados en sus clases, que ya estaban demasiado llenas, se inició en 1986 una campaña de ayuda pensada inicialmente para tan sólo 8.500 alumnos a los que se pretendía preparar para que accedieran a las escuelas estatales a partir de 3º de Primaria. En 1991/92, muchos desplazados fueron reasentados en lugares más remotos, a menudo, en medio del desierto. También aquí, la Iglesia reaccionó ampliando continuamente el programa hasta el año 2000, llegando a cubrir toda la enseñanza primaria hasta 8º curso, empezando por el parvulario. Cinco sacerdotes, un secretario de Educación y un director dirigen un programa que gestiona ya 65 escuelas primarias y unos 90 parvularios en Jartum y alrededores. Los centros fuera de Jartum los dirigen sacerdotes y religiosas combonianas.
No obstante, estas escuelas están continuamente amenazadas. Por un lado, por la falta de recursos: la Archidiócesis de Jartum ha agotado sus reservas económicas. Además, los socios que lo subvencionaron desde sus inicios ya no están en condiciones de seguir haciéndolo debido a la envergadura que ha alcanzado el proyecto..
Por otro lado, siempre ha estado presente la amenaza latente del control estatal. De ahí que, según el cardenal Zubeir Wako, deba haber escuelas que ofrezcan un sistema educativo alternativo.
La situación es complicada: el Gobierno no está en condiciones de garantizar la escolarización de los niños de los campos de desplazados, pero tampoco está contento con la idea de que reciban una educación cristiana.
AIN está convencida de la importancia de mantener con vida el programa educativo “Salvar a los que pueden ser salvados”. A los niños desplazados sudaneses hay que darles herramientas para que lleguen a ser dueños de su porvenir, a saber, ofrecerles una educación intelectual y moral sanas.
El número de niños que participan en estos programas educativos ha disminuido drásticamente. Hace tres años eran 70.000 niños y niñas, mientras que ahora ya sólo son unos 33.000. La principal fuente de ingresos para cubrir los gastos son las modestas tasas escolares –que son insuficientes–, y para muchas de estas familias, que suelen ser numerosas, suponen más de lo que pueden pagar. Como resultado, entre un 20 y un 25% de los alumnos no pagan tasas.
Las escuelas afrontan crecientes deudas. La carga principal la representan los salarios de los actualmente 1.000 maestros que se ven incrementados, y año tras año, por el Gobierno. Además, la Iglesia tiene que invertir en su formación, pues muchos de ellos son jóvenes y carecen de experiencia. Por esta razón, cada año 150 jóvenes maestros asisten a cursos de formación del Estado, pues sólo así se puede garantizar la calidad de la enseñanza.
Preocupado por la situación, el obispo Daniel Adwok Marko Kur se ha dirigido a AIN en busca de ayuda. “Sin este programa”, asegura, “nunca podríamos ofrecer una educación a estos niños desplazados… Esperamos de todo corazón que el actual proceso de paz nos devuelva la libertad para que, tal vez, la gente llegue a estar un día en condiciones de retornar a sus lugares de origen. Si Sudán vuelve a recuperar una paz verdadera, el programa finalizará de forma natural… Sin embargo, de momento nuestro objetivo principal es mantener abiertas estas escuelas con vuestra ayuda”.
Y Emma, de 14 años de edad, que es una de las alumnas de las escuelas de “Salvar a los que pueden ser salvados” del campo de desplazados de Mayo, añade: “Para mí, esta escuela es realmente importante. Sin ella no tendría más opción que quedarme en casa. Mi única esperanza es cumplir mi sueño de ser médico”.
AIN desea seguir apoyando el programa escolar “Salvar a los que pueden ser salvados”. Este año volvemos a subvencionarlo y para ello hemos prometido 250.000 euros.